Crítica al gremio de educación superior
Llama
la atención que el gremio de docentes incurra en este tipo de
irresponsabilidades en la labor docente. “Aquí todos pueden ponerse a trabajar
como un mesero en un McDonald (para que se yo) para pagar una conexión a
internet” como ocurrió, por estos días con un profesor de Derecho de la
Universidad Católica refiriéndose a sus alumnos, el lunes pasado en Santiago.
Me detengo en este punto dentro de los distintos puntos que configuran la labor
docente que conllevan y formulan epistemológicamente o hermenéuticamente una condición estrictamente ética. No me
imagino a una mente brillante desconociendo una realidad socialmente desigual,
y por no referirme en términos irracionales, por así decirlo, referirlo en un lenguaje de una elevada dosis
de opio, vulgar, como embetunan con mostaza
a los que en este país articulan las verdades artificiosas, con mayonesa a los
de las certidumbres, y finalmente aplastan el sándwich a los poderosos. Concedo
sin debate previo que efectivamente no es un caso integral, pero si en el pesado
aparataje del establishment, en consecuencia hay una degradación disciplinaria evidentemente banal e incompetente,
porque el profesor no es un ser que debe ser un mediador justificable entre el
ambiente y el alumno, sino que el medio formador que puede salvar ideas que la
sociedad degrada. El equivalente es la mirada artística que es capaz de competir
contra el gremio haciendo política del conocimiento. Hablando con pésima ortografía
(referente al nuevo fantasma), y coqueteando un poco con el fascismo, si lo
pensamos es realmente un acto subversivo eliminar de las mallas curriculares a
autores con postulados machistas, brillantes, creativos y de difícil comprensión,
porque sabemos más que nada que en las tragedias se quiebra el sistema jurídico
y donde el derecho desaparece, a decir, el feminismo se transformaría de una
ideología a un simplista superficialismo dialectico, un wishful thinking, ya
que supondría aceptar su principio básico mediante grandes ensayos como “room
of one’s own”, pero eliminando de la lista a Nietzsche o Platón por mencionar
unos casos. Si (en el caso) las académicas deciden en medio de un movimiento
masificado, articular una actitud moralista, paralizando la actividad de pensar
en base a una praxis rígida sin antes aplicar los criterios analíticos
respectivos estaría transformándose en un ataque personalizado y
transformacional de desheredados y oprimidos, siendo que la universidad es
sabiduría, un espacio de efectos de pensar, de diagnóstico, y un desarrollo de
orden teórico, conceptual, y si se quiere histórico, materia por la cual el
docente esta en todo su derecho de criticar sin ser víctima de una amenaza
posible por parte de la corporación respectiva. De la misma manera, hay una
minoría, que precisan en desclasificar una respectiva defensa corporativa
referente a acusaciones de delitos sexuales y merecedores procesos jurídicos,
conllevando una actitud machista pero no significativamente misógina. Por otra
parte es preciso comprender, la existencia de otra, que es capaz de enfrentar
los desafíos de equidad en las respectivas urgencias educacionales al nivel de países,
y que son conscientes del avance de la pobreza, de los cambios sociales y la
degradación incontenible de los recursos naturales. Y estos últimos son los
mayores prototipos de lucidez y honradez intelectual, que dan cuenta de una
razón en decadencia quitándose de los ojos la venda del eurocentrismo, sin
generar movimientos izquierdistas o votando por ellos. Ya en el siglo XIX,
diversos cronistas nos informan símiles de casos, “por aquellos años Curicó una
villa provinciana, desteñida y alejada del progreso que invadía lentamente el
país, con casas amplias y chatas, de un piso, de dos o tres patios y por
supuesto de adobe, tejas y amplio portón macizo, algunas de ellas databan del
siglo anterior, cuando ocurrió su fundación en 1743 por parte del gobernador
don José Antonio Manso de Velasco. Asentada en una zona agrícola, por sus
calles circulaban diariamente pesadas carretas cargadas con los productos de la
tierra…En 1878 cuando nuestro joven escolar inició sus estudios secundarios, el
Liceo de Curicó con cuarenta años de trayectoria educacional había ganado un
merecido prestigio, gracias a la abnegada y tesonera labor de sus directivos y
docentes. Fundado en 1838 con el nombre de “Establecimiento de Educación”, fue
bautizado seis años más tarde como “Liceo de Curicó”, para adquirir la
categoría de Liceo Fiscal, dependiente del Estado el 8 de mayo de 1867, con
cursos de humanidades, de matemáticas y preparatorias y un personal: “Formado
por el rector José Uldarico Manterola y los señores profesores Rafael Dóren, y
Ramón Fredes Ortíz. El N° de alumnos alcanzó a 55”… debido a los escasos
recursos económicos de su abuela, el niño concurría: “Al Liceo por lo general
en ayunas. Sus compañeros de clase debían darle parte de las golosinas que
llevaban para sí” Felizmente
su precaria situación económica cambió, en el momento que el rector del liceo don
Uldarico Manterola Ureta, tuvo conocimiento del hecho indicado, por intermedio
de su hijo que compartía el aula con nuestro joven héroe. La sensibilidad del
directivo que lo invitó a vivir a su casa, compartiendo su mesa, será siempre
recordada por Cruz Martínez que, en carta fechada en Lima 27 de febrero de
1881, le agradece su protección, manifestándole: “El objetivo de la
comunicación mi querido rector, es para darle prueba de que no soy ingrato i
que no he olvidado todo lo que Ud ha hecho por mí. Sí mi apreciado rector, me
acuerdo muy bien de todos los favores que he recibido de Ud”.
Yo
no soy tan positivista, pero estimo que el profesor no solo en sentido
utilitarista debe articular meramente una labor pedagógica sino también
filosófica, en el sentido y usando una definición aristotélica “mediante un
estado mental que no tenga límites” facultando así al discípulo de una libertad
en el pensar. Pero, de la misma forma ellos también han de tener alusión a esa
misma facultad, como en esas bellas palabras expresadas por Andrés Bello en
1848:
Aun
cuando, el caso anterior expuesto, manipula, coyunturalmente uno distinto, conforman la idea anterior
expuesta y el mecanismo didáctico adecuado, del mismo modo y se me perdonara
que haga alusión a este punto, la importancia de la enseñanza visible. Ya a comienzos
de 1848 la Universidad de Chile estableció un cobro por concepto de cuatro
pesos. Sin embargo, según José Vera Rodríguez, se dio el caso y hubo personas
(particularmente jóvenes) que, por su situación, no podían pagarlo. Entonces la
organización se vio comprometida, y demostrando una proclive actitud, a ayudar a los estudiantes con problemas
económicos, a decir en 1857, el Consejo Universitario de profesores atendió la
solicitud de un estudiante pobre y sin padres, Julián Avalos, oriundo de
Freirina, localidad de Huasco. Con posterioridad, Avalos logro graduarse de
bachiller el 9 de Septiembre del año mencionado. El caso fue planteado en 1869
por el decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades, entonces, el Consejo
acordó por unanimidad eximirlo de todo pago. Desde ese año, se apertura y
reforzó la determinación a que los alumnos destacados queden exentos de pagos.
Ya
sostenía Wittgenstein, un profesor de filosofía (universitario) que vivió parte
del siglo XIX, en su Tractatus lógico-philosophicus que la teoría del
conocimiento es una clarificación lógica de los pensamientos en una postura
considerablemente pluralista, a decir, una reflexión de la razón sobre sí
misma. O, de la misma manera un profesor positivista (científico) sostenía que
“ninguna disciplina ha sido capaz de abordar problemas nuevos, como el de los
problemas inversos”. Y el énfasis, de esta manera, hay que situarlo en que hay
una cierta intencionalidad de un irrebatible anteproyecto de mantener las cosas
como están, sin caer en una apelación a la novedad (ad novitatem) pero de igual
forma, de la tradición (ad antiquitatem) suponiendo la falacia lógica que
afirma que lo que se ha venido haciendo desde hace tiempo es correcto o
verdadero. Pero superestructurar y sobrevalorar semejante expresión, en tanto
objeto, ejerciendo la conocida política de dejar las cosas como están,
significaría defender los abusos cometidos de parte de todos aquellos que
detentan el poder, dueños de la verdad, a quienes precisamente no les conviene
cambiar las cosas. De ahí que la psiquiatría mantenga su status quo, siga trabajando la
misma metodología, teleología, para los mismos dispositivos de control. Los
psicólogos, sosteniendo los mismos criterios que el anterior, y sosteniendo de
manera tácita e implícitamente que es lo normal y que es anormal ¿Acaso es la
conducta que no concuerda con los ideales de una determinada cultura dada a la
cual el individuo se produce o en el que se produce? ¿O de un grupo social
dado? ¿Entonces, por el contrario, la negación del orden del mundo, o tal como
lo juzga la experiencias antropológicas de la locura para todo aquel capaz de
desviarse de lo establecido como norma? Podríamos concebir, entonces, que su
marca existencial es objeto de conocimiento científico cuyos rasgo y criterios
buscan dominarlos, por medio de la medicina, desde luego, también, podríamos
concebir que la locura es un saber, ante todo, de este análisis último podríamos
notar la directa relación entre saber y poder. De ahí, que la historia mantenga la misma
pretensión de verdad u objetividad, adentrándonos en el aroma de siglos
esplendidos, y discutiendo las mismas temáticas en tanto sujeto u objeto,
aunque, haciendo un contrapeso en su cierto corporativismo constructivista,
critico, susceptible, sin pretender dilemas o melodramas novedosos. Y se
aclarara la intención de que la ciencia califique con cierta rigurosidad la prudencia
de trabajar bajo cierto sentido ideológico-positivista con fines teóricos y prácticos,
para así capacitar un poder más aniquilador como destructor. Y que los
ingenieros o economistas (profesores de Facultades) quienes se creen desde
arriba (que mejor que de los claustros con torres) se pueden rediseñar la
sociedad conducidos por su mecanicismo resolutivo, sesgo tecnocrático, y
proyecciones artificiosas en base a simples cifras, abocando grandes réditos a
un neoliberalismo deplorable. Con todo lo antes mencionado, no es raro pensar
la causa última del porqué de la motivación a la hora de elegir una carrera es
el sentido utilitarista y no el vocacional. ¡Y como no olvidar! Los abogados y
futuros políticos, responsables respectivos de la sustitución del sistema penal
(Foucault) en sus formas más severas, de grandes colusiones financieras, hipocresías
morales y grandes corrupciones de palabras.
De
este modo el profesor ya no vendría siendo un mero mediador entre el alumno y
el entorno, no solo porque el alumno es decidor de ese aspecto sino que debe
estar al margen contra toda articulación de poder, estando lejos de satisfacer
el propio ideal de conocimiento, incluso de sus alumnos. Por ejemplo, mentes
brillantes de la docencia como Friedrich Hegel, a quien muy pocos lo conocen,
nunca hubiesen atribuido facultades únicas hacia una ilustración radicalizada y
conceptualizada, como bien lo es el Estado. En ese sentido, Jefferson, en uno
de sus innumerables postulados sostenía que la Iglesia al margen del Estado
permitiría que la propia sociedad tuviese instancias de salida, igualmente se
interpela la razón por la cual grandes religiones han consensuado que el
totalitarismo no ha de conceptualizarse como realidad ultima. Sin desorientar
el planteamiento en cuestión, lo que es preciso comprender, y se me permitirá
el desvió, y sin la mínima intención de pretender una guía de acción al
respecto, el profesor es aquel que cumple con los respectivos criterios
concernientes a ciertos principios básicos, digo esto, como un indicador de
condiciones subjetivas que exige la norma en relación a su disciplina, empero y
de la misma manera, es mayor conocedor que nadie, que es parte integra de una
determinada institución e entidad cuyas variaciones ejercidas son de carácter
omnímoda, en la que ellos articulan, independientemente sus fines conceptuales (en
tanto objeto), una formación pedagógica, siendo precisamente esa, sin darnos
cuenta la garantía de que los mecanismos institucionales no potenciaran su
luxación, ectopia medular. El problema actual es que la pedagogía ha
transfigurado su rumbo, evolucionando su estructuración mediante siglos, mal
valorándose y radicalizándose cada vez más ante el neoliberalismo existente que
justiprecia la construcción y transformación de emprendimientos y, al mismo
tiempo, las sombrías pretensiones del empresariado, lo que es, a la par
deplorable, si por consiguiente y considerando la errónea configuración e importancia
de sí que alguna vez jugó en sentido antropológico.
“…La
Universidad va a ser así un cuerpo docente; a mi juicio, concilia dos grandes
miras, la de dirigir la enseñanza en el
sentido de la moralidad y la unidad publica, y la de dejar a los profesores
universitarios la independencia y libertad que corresponden a su alta misión…”
Las
diferentes disciplinas, en su conjunto, han elaborado un mundo interpretado en
que las cosas parecen ir cerrándose, por lo tanto, los jóvenes del presente no
han podido salir de ellas mismas, impuestas y establecidas aún por los mismos
alumnos o jóvenes. Respecto a ese escenario, hacemos surgir una pregunta al
respecto ¿Cuál podría ser la esencia de la articulación de semejante elemento? Abrir
los horizontes de esa trascendencia en cualquier sociedad o clase que se
encuentre, con ello en sentido irónico, podríamos decir que el profesor pasaría
de ser un simple “papanatas “a un “Dios”
o una “Bestia”; alguien que vive en la ciudad pero no como la ciudad.
Esto no refiere a que el profesor se convierta en una divinidad o creyente,
significa que no está dispuesto a concederle al ser humano la totalidad de todas
las interpretaciones posibles. Para concluir, esto podría denominarse como
política del conocimiento, aun cuando, ¿todas las discusiones deberían de ser
políticas?
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