Un
Los
artistas. Pueden decirse alabanzas de ellos, según muchos, sus orientaciones,
inclinaciones, mantras, tendencias; se abalanzan a defenderlos, verles el lado esotérico,
[el lado B] lo bonito, sublime, encantador, simpático. Otros, aquellos que juzgamos
con cierto escepticismo, criterio critico o cuestionamos algunos aspectos de la
realidad, discrepamos con algo de resquemor. La otra vez, vi el puñete de Will
Smith, –que me pareció bastante reprochable aludiendo al profesionalismo y
cuestiones de la índole moral–curiosamente, no me sorprende en nada la realidad,
las costumbres que se asimilan cada vez más con mayor normalización, por
contraparte, el peligro, humillación, infortunio, se presenta ante cualquier
instante, incluso, en la ocasión o lugar menos esperado, además, el solo hecho de
la celebración de una ceremonia de esa índole, donde juega un rol esencial el
dinero, [gasto que inmiscuye en afianzarlo] como el prestigio del artista, reputación,
imagen [superficial] que demuestra ante la gente con cierta intención de
simpatizar, presumir y creerse los Cool,
cuando en realidad se manifiesta, por medio de estos detalles, todo lo
contrario a lo que son en carne propia, prestándose hasta para la “caricatura”, y asimismo, desorientan otros
puntos de atención que expresan las principales demandas que padece la
sociedad; la pobreza, desigualdad, hambruna, y falencias de esa lógica. No
yerro de pecador, al principio, decir, que hay muchos adeptos que los defienden
a muerte; y es, en definitiva, porque siguen admirando sus trabajos, asimismo, tampoco
podría ser de otra forma porque es parte de la admiración, pasión y contemplación
del arte como disciplina.
Hay
todo un cuestionamiento, a criterio propio, de la industria cultural de aquella
índole; producción discográfica, cinematográfica, etc., que surge, reduce,
sintetiza, en algo que podría ser muy vago o superficial, y sintetiza en dos
aspectos; “el negocio turbio” y “que se les permita trabajar hasta los cien
años”, conformando en sí una reacción de parte de medio tercio de la población,
[los cuales, me incluyo] pero que no manifiesta en la opinión publica, ni
existe la intención de darlo a conocer.
No
solo es parte de esta variable, la crítica a la desigualdad que se puede
realizar al modelo económico, sino a la forma sucia que faculta para ascender
de clase social: En el caso de Chile, y supongo, en el resto del mundo, –como supongo el mismo
Camilo Sesto, ascendiera o prosperara en su carrera musical–los artistas de ambas
índole, partieran del clandestino, discos, prostíbulos, a escenario completos o,
directamente, a las pantallas, para consiguientemente, tener un Background económico
o llenarse los bolsillos, todos asesorados por managers, empresarios,
influencias importantes, o quizás, mafias, narcos, etc. Asimismo, la existencia
de profesores de la índole universitaria que se les finiquita el Contrato al
llegar a los ochenta años de edad, como muchas falencias en la sociedad,
expresa falta de humanidad, y respeto por los gestadores de toda una generación
de eruditos y profesionales. En un país “desarrollado”, ambas variables, [la
desigualdad] dejan mucho que desear dentro de la perspectiva global. Es preciso,
reconocer, igualmente, que esta la existencia de una corriente de profesores –muy
valiosa, a mi juicio–que pertenecieron o eran partidarios del régimen militar, a la que los jóvenes rechazan con;
resentimiento, enfado, rabia, que puede ser cuestionable en la mentalidad de
las nuevas generaciones, quienes, les tienen odio vivo,–de la cual, yo, me
excluyo–en tiempos de dialogo, consenso, diagnostico, y dentro de ese escenario,
ese disgusto, les cierra los horizontes a esta generación de docentes, que
muchos tienen que lidiar con la politización del establishment [los alumnos].
La
otra vez, me entere, por medio de un artículo, que el historiador chileno Julio Retamal
Favereau, al cumplir los ochenta, se le cancelo el Contrato, sin previo aviso, además,
encontrándose en un PIC de sus ahorros e inversiones, de sus haberes. Yo me
pregunto ¿Dónde está el sector que el defendió con tanta pasión, en su momento?
Le dieron la espalda, de una manera frenética, al igual que don Gonzalo Vial
Correa.
Esto
se me imagina que tiene sus raíces en los 70’, cuando la gente hippie, fumaban
sus pitos en la calle, onda relax, donde era usual escuchar la versaina “Un mechón
de su cabello/ aún conservo para mi/ su color carmesí..”, llego acá a Chile,
[por segunda vez] al Festival de la Canción, unos italianos tildados como “Matia
Bazar” [hippies] cuyas canciones son, oficialmente, conocidas. Al grano… cuando
la presentadora les pregunta al manager ¿cómo llego a ellos?, él, le responde,
simplemente, que los conoció en una disco. Ese es un indicio, a mi juicio, del
entorno social que conforma el negocio turbio: hay algo en las discos aparte
pasiones, miradas, encantos, tragos; mafias tras de sí.
Luego
de la entrevista a dos de los participantes, el tercero, [Piero] le hacen una
pregunta –no recuerdo cual–y uno de los protagonistas de la banda, lo
interrumpe,–y complementa–“siempre mirar hacia el cielo”. En un análisis no
menos freudiano, esa palabra “siempre”, ¿equivaldría a imponer un credo,
pensamiento, filosofía, visión, de la vida?. Es sinónimo de una continuidad,
constante, frecuente, que en definitiva, causa mucha perplejidad, porque supone
un tiempo que sintetiza “a todo momento”, sin dudar, cuestionar, discrepar, al
respecto...podríamos equipararlo hasta el de tener una fe, deidad, fuirer, que
incluso, pretende una legitimidad en el tiempo. En fin, lo otro, “mirar al
cielo”, me causa bastante dificultad. No sé si estarán contemplando el cielo
estrellado, un Dios, o un fenómeno astral. En definitiva, es presumir tener
siempre la razón, obedecer-acatar, –sin cuestionamientos– una práctica, norma,
precepto,–que rima con el presente, paradójicamente–reflejándose, de los
hippies hasta los jóvenes progresistas de nuestro días, en cambio, un viejo-sabio, puede
cambiar de parecer si se le convence con buena argumentación.
Además,
Piero, se le pregunta su opinión acerca de las jóvenes chilenas. Él, responde: “Que
le encantan las lolas”. Lo repite con tanta altivez, constancia, que los
compañeros, [vocalistas] le golpetean para calmar su inspiración [Calma,
Calma].
Entonces,
a partir de aquí, no solo se origina la industria turbia, sino que también una
legitimidad de preferencias en los artistas, [en general] y una “soberbia”, que
constituye la paradoja histórica en
el sujeto juvenil, que tiene sus orígenes en los “hippies”, y su sinrazón en
diversos aspectos a analizar, pero que se vieron reflejados en la anterior manera
de tratar a los suyos. Quizás, sea una decisión a la hora de tener amigos en el
mundo actual, y escuchar algún tema preferido.
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